Samadhi, el éxtasis del yoga

Éxtasis:

1. m. Estado del alma enteramente embargada por un sentimiento de admiración, alegría, etc.

2. m. Rel. Estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y por la suspensión del ejercicio de los sentidos.

Real Academia Española

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Antes de que el idioma de Cervantes fuera una realidad, antes que las palabras en Castellano de Santa Teresa de Jesús describieran el éxtasis místico cristiano, pero mucho antes, ahí por el siglo V antes de nuestra era, Patanjali ya había puesto  en forma de aforismos, en sanscrito y gravada en hojas de palmera, lo que se conoce como el éxtasis del yoga: Samadhi.

Patanjali habla de varios estados de samadhi que van del más denso, grueso, tosco hacia el más sutil y sublime. Lo presentó como una escalera de experiencias  por la cual prácticamente todos tenemos que pasar. Reconoce que existen algunos seres que experimentan estados de de absorción  profundos y espontáneos pero sabe perfectamente que la mayor parte necesita un guía y una referencia.  Para esos hace falta esfuerzo  y disciplina, anclas del sendero del yoga.

El sabio hindú dice que el samadhi es un estado de absorción  profundo (samapatti) donde la mente se vuelve como un cristal pulido que refleja  la realidad tal cual es. El primero de estos estados se denomina savitarka samadhi. Samadhi con el uso de la razón. A través del entendimiento  y la reflexión  uno puede probar un cierto grado de samapatti (absorción) pero todavía existe alguna confusión.

Después la cosa va mejorando. Si savitarka es el samadhi de los científicos, nirvitarka es la de los poetas. Ese estar aquí y ahora que a veces probamos en la naturaleza, haciendo el amor, leyendo un poema o mirando una obra de arte. La razón se aparta  por un momento, la memoria deja de interferir y existe un destello de luz.

A partir de aquí, Patanjali ya no describe más estados de samadhi. Dice apenas que la cosa se vuelve cada vez más sutil, profunda y armónica. En todos ellos existe el renacimiento de un mundo nuevo y la consecuente caída del paraíso, la vuelta a la tierra. Hasta que un día esa experiencia sucede envuelta en un halo místico y definitivo. La semilla del samsara (de la vida cotidiana) desaparece y uno alcanza, dice, el nirbijah samadhi  (sin semilla). Un estado irreversible que tarda muchas vidas en alcanzar. Aquí no hace falta escribir más porque las palabras no forman parte de este nuevo mundo.

Que el yoga te acompañe.

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